Arquitectura religiosa.
La arquitectura religiosa, materializada en sus templos, tiene intrínseca una variedad de simbolismos espirituales y elementos iconográficos que son de especial interés para el turismo de masas alrededor del mundo, el turista religioso puede ser probablemente sujeto de dos taxonomías distintas pero que en ocasiones comparten un mismo objeto de admiración, la arquitectura religiosa. En un primero grupo, se encuentra el turismo de personas que profesan con fe una religión, y se congregan en templos religiosos para satisfacer necesidades espirituales. En un segundo grupo, está el turista gustoso por la arquitectura, el arte y la historia, que visita templos, y los escudriña con la intención de satisfacer una inquietud cultural, en este particular capitulo el análisis de los templos como espacios ceremoniales y de culto, serán desglosados desde ambas perspectivas, la arquitectura religiosa como espacio espiritual dotado de significados emotivos y de fe, y la arquitectura religiosa como hito arquitectónico y como espacio contenedor de arte, el sincretismo de ambos y la génesis de la arquitectura religiosa a través de los siglos.
Los templos religiosos han sido a través de la cultura del ser humano los espacios construidos para la congregación pública de rituales de fe y servicios religiosos, indiferentemente de la religión que en estos espacios se profese han significado lugares de culto hegemónicos y simbólicos en la historia de las civilizaciones. Es notable percatarnos que el estudio de la historia del arte y la arquitectura está estrechamente vinculado con el estudio de los templos religiosos de las distintas culturas alrededor del planeta. Las iglesias, mezquitas, sinagogas y demás templos de las diferentes religiones, son libros abiertos que relatan sucesos culturales, sociales y de fe acerca de los distintos momentos históricos de un conglomerado humano que profesó una religión en común.
Es claro que para un ojo entrenado, son legibles muchos aspectos que diferencian la pintura, la escultura y la arquitectura clásica de la barroca o la renacentista, (por mencionar algunos estilos) y a través de esta lectura comprende aspectos situacionales y de contexto que los artistas pretendían de manera consciente e inconsciente transmitir a través de los recursos plásticos y visuales que caracterizan a cada uno de los estilos.
Los templos religiosos son hoy museos vivientes que albergan artes visuales de distintos periodos históricos, son contenedores de piezas de arte invaluables, y construcciones que representan obras de arte en sí mismas, piezas de verdaderos artistas que han sido consolidadas por el renombre del artista tanto como templos que han consolidado a los artistas por la fuerza plástica y espiritual en ellos concebido, consolidando un dialogo perpetuo entre artista – obra, lo que ha sido Miguel Angel Buonarroti para la Capilla Sixtina, tanto como lo que ha sido la Iglesia de la Sagrada Familia para Antonio Gaudi.
Figura 1 Derecha, Capilla Ronchamp, Le Corbusier. Izquierda, Iglesia de la sagrada familia, Antonio Gaudí

Este vinculo axial entre obra y autor en la arquitectura religiosa (occidental principalmente) nos puede llevar a través de múltiples análisis interpretativos, desde la tectónica vertical del gótico y sus relaciones simbólicas con la ascensión espiritual, hasta la austera y seductora morfología monocromática de las capillas modernas que evocan con su sencillez estados de quietud y serenidad en los espacios de culto, o los exuberantes y recargados ornamentos y retablos de un barroco que caracterizaba la transición social y de las artes de su momento.
Es importante resaltar que esta dialógica natural de las culturas hacia sus centros de culto y de fe le ha permitido a la arquitectura religiosa ser esa potente amalgama cultural que proyecta todo el sentido histórico de cada civilización en cada generación. La arquitectura de iglesias en México por citar un ejemplo, nos narra interesantes historias sobre el mestizaje cultural en la Nueva España colonial y sobre el sincretismo cultural que se dio en la transición de los pueblos prehispánicos hacia la evangelización. Arribadas las distintas órdenes religiosas en la nueva España, la tarea encomendada de evangelización requirió de la arquitectura como medio de conglomeración para los nativos, y como espacio para difusión y educación de la religión cristiana.
Estas características situacionales, le confirieron rasgos especiales a la arquitectura religiosa colonial en la Nueva España, la mano de obra laboral que utilizaron los misioneros para la edificación de iglesias y conventos fue por obvias razones la del indio nativo a evangelizar, lo que determino los resultados en la producción artística y arquitectónica de estos edificios, un fenómeno de mestizaje artístico que el historiador de arte José Moreno Villa denomino en 1949 como arte Tequitqui, y que se manifiesta con diversos resultados en la producción de espacios religiosos, entre los más recurrentes fueron indiscutible la relación entre las estelas prehispánicas (piezas monolíticas en forma de pedestal con inscripciones) y las cruces atriales en los patios de las iglesias y congregaciones (fig.2) , los rasgos faciales indígenas en los rostros de los querubines en los retablos y la escultura de fechadas, y la reinterpretación de una desconocida hoja de acanto utilizada en los capiteles europeos por el uso más bien parecido al de hojas de maíz y nopal, además del sobresaliente uso del color y cresterías, que emulaban en oculta metáfora a sus arrasados templos de adoración prehispánicos.
Figura 2. Derecha, cruz atrial de la ordenes de misiones evangelistas, con distintivos rasgos prehispánicos. Izquierda, Estela 35, Dama Ik-Craneo, madre de Pájaro-Jaguar.

Paul Galindo
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